Tomados por los demagogos

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

¿Qué es un demagogo?

Es aquella persona que emplea una estrategia utilizada para alcanzar el poder político, es un ardid mediante el cual se manejan las emociones y sentimientos del pueblo, surgidos de sus creencias y necesidades, luego les siembran esperanzas de resolución de sus problemas y consecución de sus aspiraciones. Todo con el fin de ganar el apoyo popular, siempre mediante el uso de retóricas encendidas y grandilocuentes, plagadas de mentiras y desinformación para cautivar a los ignaros que son una grandísima cantidad.

Un demagogo dijo: “como sé que a ustedes les gusta leer, les recomiendo la obra de Polibio sobre la historia de Roma, son cuarenta tomos, pero muy interesantes, él era un historiador griego, pero se interesó mucho por la vida política de Roma”. Luego citó otros libros y autores sobre política. El supuso que con esa extravagancia sería calificado de gran intelectual e idóneo para ser elegido, pero lo peor es que lo logra.

A El Libertador no se le podía escapar ese gran fenómeno social y dijo ante los diputados en Angostura: “…todo pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.

Que peligro tan grande poner en manos del pueblo decisiones tan trascendentes como elegir a un Presidente, pues eligen demagogos para que destruyan un país por sus extraviados y libres entendimientos y creencias o, peor, por su premeditada intención de hacer daño con fines ideológicos perversos.

Pusieron en manos del pueblo la vida de Cristo y gritaron “crucifícalo”, manejados por los fariseos demagogos.

Antes condenaron a muerte a Sócrates, el propulsor de la democracia, el mismo pueblo manejado por los demagogos.

En nuestra historia patria, luego de salir de los caudillos que por lo menos se imponían por fuerza y valentía, se adueñaron del país los demagogos con mentiras y cobardía.

Esos populistas mentirosos son los tiranos que llaman políticos, aunque reconozco honrosas excepciones.

Por cierto, algo que debo destacar del citado Polibio, son los llamados demagogos de la plebe o de los plebeyos, que fue el sistema de los tiranos de Roma, pan y circo para el pueblo sumido en la ignorancia.

Por la anomia del pueblo y sus miedos surge la tiranía hasta en las comunidades por pequeñas que sean.

El Libertador, al final de su impecable y maravilloso discurso en Angostura, dijo: “Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un Gobierno que haga triunfar bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad”.

El grito de Miranda de ‘Muera la tiranía, viva la libertad” es un llamado a la sensatez y a la participación como ciudadanos, no como rebaños.

Simón Rodríguez dijo: “Para crear una República primero hay que formar republicanos”.

He aquí que en Venezuela se han verificado las obras de los demagogos. De nuevo El Libertador: “El talento sin probidad es un azote”.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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