Un error más

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Cuánta alharaca se ha hecho por los actos mefistofélicos, de hechicería, satánicos, de magia negra o de cochinadas como pueden llamarse los actos que realizan en el inmortal Campo de Carabobo.

Lo inmortal trasciende lo físico de tercera dimensión. Después de doscientos años, físicamente esa no es la tierra regada con sangre de héroes, es tierra de brujería. No es la tierra de gloria, es la tierra de la inmoralidad.

La inmortalidad se anida en el alma de los grandes hombres y la de sus agradecidos beneficiarios no en un pedazo de suelo utilizado por los impíos para sus extravagancias consoladoras.

La historia, como todo, es manipulada por los indecentes que procuran con infames manejos imponer sus creencias al pueblo ignorante para ganar protagonismo y respeto.

Sin duda, fue una gesta épica engalanada de heroísmo de ese que no conocen los militares de ahora, pero ni fue la definitiva como han querido hacer ver, ni la última ni la única.

Todo en la vida pareciera guiado por la providencia, como en el Perú en la Batalla de Junín la división de los realistas De Canterac y Valdez permitió en gran medida la victoria. En Carabobo, en buena medida, la misma división de La Torre y Morales permitió el triunfo.

Como en Ayacucho un envidioso de El Libertador se llenó de gloria por su intrepidez y heroísmo, José María Córdoba, en Carabobo el coronel Ambrosio Plaza dio el brillo de heroísmo y no Páez como él desde el postrero poder impuso. Páez hasta cayó con un ataque de epilepsia y prácticamente no guerreó, sin quitarle otros actos de heroísmo como las batallas del Centro y los llanos.

Sin duda, siempre todo en manos de políticos es manipulado, echan los cuentos como quieren y le interesa al punto de hacer fábulas de epopeyas novelescas.

Morales siguió la guerra por mantener el imperio de Fernando VII y controlaba las costas hasta Maracaibo, por lo que dos años después Padilla en la Batalla Naval del Lago y Páez en Puerto Cabello tuvieron que vencer en otras batallas.

Claro, todo el que encuentre un rédito en lo mítico defenderá lo que otros inventaron.

Pero el tema es que además los delirios de los usurpadores por invocar protección mágica sin importar lo diabólica que sea, ni cambia la gloria de los libertadores en Carabobo ni les resuelve su estadía criminal en el Poder.

Las estructuras de metal y cemento que han hecho corresponden a negocios económicos para procurarse impunidad de su corrupción y a símbolos de sus creencias pervertidas. Una de ellas la estructura falópica que corresponde más a un sueño erótico del que la mandó a hacer que algo de valor histórico.

La Batalla de Carabobo no fue un hecho aislado ni definitorio fue el resultado de muchas batallas, ideas, estrategias, acuerdos y apoyo que en la prodigiosa mente de su excelencia hizo una cita de héroes a la gran victoria.

Como mutatis mutandi, hoy no hay una batalla final sino la conjugación de factores que produzcan un resultado decisivo donde, sin duda, deben sonar los cañones de la libertad, pero como en vez de héroes tenemos políticos aún habrá que esperar.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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