Una reflexión sobre lo intangible

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

La palabra moral refiere en filosofía el estudio de la conducta humana sobre el bien y el mal, luego de lo cual se ha descrito con apego a verdades y valores de aceptación universal la disciplina del comportamiento cabal, es decir, la actitud para el bien.

Ese constructo teórico es insoslayable e indiscutible y no admite prueba en contrario, toda vez que no somos cumplidores de un dogma sino artífices de él, sobre la base de nuestra cultura que constituye la esencia de nuestras creencias, querencias, desarollo y realización personal.

Se destaca de la conducta moral el ejemplo que se ha trasmitido de generación en generación, hasta con admiración y celo patrimonial.

Jesucristo nos dio excelsas muestras de ello y para quienes acogernos sus enseñanzas no es una obligación de cumplimiento, sino una vocación de vida por convicción.

Quienes asumen la cultura de las llamadas leyes universales o cósmicas, sabrán que nuestra actitud será lo que traza el destino, si obras bien te va bien, como acción de correspondencia o como señaló el sabio Newton en su tercera ley de la física.

El Libertador desde su preclara genialidad con diáfana elocuencia, apuntó que la moral junto con las luces eran nuestras primeras necesidades.

El ideario popular recoge con sabiduría experimental que: cada quién cosecha lo que siembra.

La fuerza de las emociones desbocadas por la ignorancia o inobservancia de lo señalado ut supra, lanza a la ignomia a la humanidad y vuelve al hombre enemigo de sí mismo. Por eso vino Cristo al mundo a pedirnos un acto de fe, que también es un constructo moral, que daría direccionalidad y sostenimiento a la conducta recta que señalaba Giorgio del Veccio como norma ética que permite la vida en paz y creativa.

Valores doctrinales como los mandamientos sustantivos entregados por Moisés, constitute un legado ético en su totalidad del que destaco ahora el cuarto: honrar padre y madre, conducta ésta que merecen quienes han sacrificado su vida por sus hijos y que solo entienden quienes tienen memoria de los ingentes episodios, momentos y obras de bondad y abnegación de sus padres. También se requiere el agradecimiento como acto solo posible del ser moral. Claro, de nuevo escribo no como obligación sino como artífice del constructo moral del que se recibe beneficios.

No superar los pensamientos, que producen las percepciones equivocadas que a muchos aparta de la moral que los hizo crecer, es un acto de traición a sí mismo e ignorar la virtud del reconocimiento y agradecimiento de todo lo recibido por obra de quien más nos ha amado.

Solo la moral salvaría al mundo, lo que no comunicas con tus acciones, obras o hechos concretos, jamás lo harás con palabras.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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