Una semana sí

Editorial / Venezuela RED Informativa

En Venezuela la peste china sale UNA SEMANA SÍ, y otra semana no. Como todo lo chueco que se mueve en nuestro país, la pandemia también está “arreglada” con el gobierno bolivariano. Durante los próximos siete días la enfermedad dejará de molestar a los venezolanos, y podremos salir “libremente” de nuestras casas. ¡Acá todo se acomoda!

Así, el señor Maduro promociona unas gotas milagrosas que sirven como antisépticos y liquidan hasta en un 100% al virus maligno. Aún cuando no se habla de campaña alguna de vacunación masiva. Porque el estado venezolano simplemente NO tiene plata para enfrentar ese gasto, ni cuenta con un solo centavo que se pueda colocar en el ruinoso sector salud de la patria.

De a poquito lo vamos digiriendo: ¡hay que hacer ahorros! Cuando comiencen a llegar en abril las vacunas, que cada quien vea cómo se las va a apañar.

Que no quede sombra de duda: la brutalidad del mercado doméstico venezolano es completa y total. Este no tiene piedad por nada ni por nadie. Los agentes económicos venezolanos solo cuentan con la “protección” que puedan pagar. Quien se enferme, que se las ingenie. Quien ofrezca su trabajo, que negocie con su patrón las condiciones mínimas para ir todos los días, comer, vestirse y encajar en la hoja de los costos de producción de las empresas que lo contraten.

Quien esté produciendo algún bien o prestando un servicio, que trate de “arreglarse” con los delincuentes del gobierno, en todos sus niveles, que operan como las bandas de extorción con las cuales hizo tanto dinero Al Capone en la Chicago de los años 20.

El país pierde aceleradamente su semblanza humana. El venezolano en todos sus niveles, clases sociales y ubicación económica, funciona desde el medio mismo de una Tierra de Nadie desolada por las bombas. Ahí los gastos, costos, salarios y precios se rematan en divisas.

De manera que la inflación interna se desplaza con el precio simbólico del extinto bolívar venezolano. Y, solo a ratos, sube o baja dependiendo algunas veces de la cantidad de dólares que entran o salen del sistema. Aunque todo indica que ya existe una marcada acumulación interna o al menos mucho de “conservación” dentro del país, del dinero en forma de divisas. Se percibe que las mismas empiezan a formar parte del numerario en las billeteras de la gente de la calle, bien como instrumento de compra-venta o como moneda para llevar a cabo cualquiera de las fases de cualquier proceso de producción. ¡Esto es cada vez más economía y menos política!

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