¡Unidad, unidad!

Editorial / Venezuela RED Informativa

¡Dejemos los dramones! Delia Fiallo ha muerto. Acá, en Venezuela, las telenovelas se han convertido en verdaderos cuentos de horror. “Arrancados de la vida real”. Un padre acostándose a dormir con el estómago vacío, porque lo poco que consiguió en la calle del sin empleo venezolano, nada más le alcanzó para engañar el llanto por hambre de su hijo, “No va bien”.

Ni el venezolano de a pie va a marchar más y a acurrucarse frente a una tarima, para escuchar a los mismos imbéciles de siempre, decir que “Este es el Camino”. Que hay que tener “Fuerza & Fe, Venezuela” y que “Vamos Bien”. Quedan muy pocos que se creen todavía el cuento del pensamiento único, como la vía “segura” para hacer oposición a la maldición del siglo XXI. Cada vez son menos los que se asustan porque NO estemos unidos como “un solo hombre”, para expulsar de nuestro país al chavismo de los últimos días.

Rayas con rayas y manchas con manchas. ¡Esa es la ley de la selva! El hombre de la pesadilla del niño hambriento, no es un operador de la oposición institucional MUD. No hace negocios con el gobierno. Tampoco ha bailado pegado y abrazadito con la porquería del siglo XXI por 20 años, haciendo el papel popular del “tonto” útil, sin ninguna vergüenza.

Acá todos sabemos quiénes somos. Acá todos nos conocemos. Por más que se pinte, se escriba o se retraten muchos de los opositores al gobierno ilegitimo como “agentes del cambio”, por sus “acciones serán medido” ¡Y la verdad asusta!

La Unidad no es docilidad. La Unidad no es aceptar el atraso. El eterno fracaso. La pobreza mental y los disparates de quienes despilfarran el mandato de todo un pueblo, para “empujar” la salida de quienes han acabado con Venezuela. Esos que siempre se quedan en el primer cuarto de milla. Y que, de ahí, nunca avanzan. La Unidad también es confrontar. Es pedir cuentas. Es exigir contundencia y coherencia en el accionar político.

La Unidad NO implica la obligación de jugar el juego “ajeno”, de unos pocos vivos que juegan encerrados con los malucos de este cuento. En nombre de la Unidad, NO todo un pueblo destrozado debe tragarse en silencio la poca coherencia y las muy sospechosas buenas intenciones, de unos grupetes de “elegidos” para el “cambio”.

“¡En el nombre del Amor!”, como decían los personajes cursis de las viejas telenovelas de RCTV ¡Dejemos las simplezas! NO seguir el pobre “libreto” mil veces repetido de la Unidad a la “PORQUE SI”, NO significa estar bajo contrato del G2, ni de los chinos, o de los rusos o del mismísimo Mandinga, haciéndole el “trabajo” a los malos para dividir a la oposición venezolana. El pensamiento de todo un pueblo bueno que ya no aguanta más no puede, en nombre de la Unidad, seguir soportando más metidas de patas. Mentiras y falsas promesas. Errores. Torpezas e intereses personales de liderazgos de papel mache, que no aguantan dos pedidas…

La Unidad implica dejar como pueblo, de ser una sociedad de pendejos. La verdadera Unidad es el antídoto colectivo para que nunca más nos permitirnos como raza, caer bajo el discurso de un individuo de la calaña de un Hugo Chávez, y pasar otros 20 años más por “esto”.

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