USAID

Editorial / Venezuela RED informativa

Que nadie se horrorice por el informe de la USAID, que versa sobre la colosal malversación de fondos de ayudas donadas a nuestro país, y gestionadas por los “buenos” del “Vamos bien”.

USAID, que apenas hace mención a una serie sostenida de chuecos sobre el 98% de las donaciones, habla de casi 600 millones de dólares en el juego. Aún cuando al resto del botín de las ayudas hay que sumarle cientos de millones que han levantado los embajadores de Guaidó; aquellos reales que han puesto los países comprometidos para la “causa” de la libertad de Venezuela, y hasta las manitas de Lilian, quien en el Aeropuerto de Barajas recibe contribuciones para la salvación de nuestro país…

Algunos expertos en matraca, sospechan que el alijo puede pasar de los 3.000 millones de dólares americanos.  ¡Una pelusa!

Hablamos de dinero para medicinas, que nunca llegaron a los enfermos de nuestro país. Recursos e insumos en alimentos y soportes de vida, que, seguramente, se convirtieron en plata rápida, a través de las cloacas de las cosas robadas, desde donde montaron sus redes estos miserables de la política venezolana.

Y a todo eso habría que sumarse millones sobre millones para pagar espónsors, comunicadores, lobbys y viáticos que han hecho de los grandes cacaos de la oposición, actores y actrices de cine e individuos inmensamente ricos de la noche a la mañana.

El entramado, la magnitud y la calaña del saqueo de las limosnas enviadas a una Venezuela, que nunca llegaron, tiene que ser descomunal. De Haití y sus famosas prácticas de malversación de ayudas internacionales se han derramado piscinas de tinta. Pero los “Vamos bien” sobre la miseria, el dolor, las esperanzas pisoteadas y las enfermedades de nuestra gente, han rebasado cualquier límite del escándalo.

Por eso es que la gente de USAID trata de limpiarse la cara. Busca ocultar también su desidia y complicidad. Solo que no pueden ocultar completamente el tamaño del saqueo, del genocidio que ha llevado a cabo una oposición venezolana que, aún hoy en día, tiene las santas bolas, de querer pintarse la cara de algo distinto a esta “cosa” del siglo XXI.

¡Cuándo NO, son más de lo mismo!

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