Venezolano de 25 años con una estatura de 2 metros 25 centímetros causa sensación en Perú

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

A sus 25 años es el hombre más alto de Venezuela y, actualmente, es el hombre más alto en suelo peruano sin padecer la enfermedad llamada popularmente gigantismo. Este joven tan alto como una palmera en la playa, se fue de Venezuela a finales de 2018, como tantos jóvenes que le huyen a la tragedia de todos los males que sacude al país desde la llegada al poder de Nicolás El Tirano.

Es tan alto que causa asombro en las calles de Lima. Algunos se animan a pedirle una foto, un selfie. “Pasu”, exclaman los jóvenes; los taxistas se detienen para verlo pasar. Y es que los 2.25 m de Francisco Alfonso son un espectáculo que a nadie deja indiferente, reseña el diario El Correo.

Ya se acostumbró a que le recomienden los trabajos más inverosímiles: cambiador de bombillos y lámparas en los lugares más altos de un lugar, pintor de techos, Frankenstein para Halloween. Él solo se ríe y sigue caminando con esas zapatillas talla 55 y los pantalones que le llegan a la pantorrilla, porque casi nunca puede encontrar unos ¡ni remotamente cercanos a su altura!

Solo Margarito Machacuay Valera (peruano) es 10 centímetros más alto, pero su altura es resultado de una anomalía genética y recibió una silla de ruedas eléctrica donada por la ONG Canadá Planet Global para su desplazamiento diario y comodidad, a finales de 2018.

En cambio, nuestro MUCHACHOTE VENEZOLANO Francisco no solo se considera saludable, sino que en nuestro país fue un ágil basquetbolista. Por ello, gran parte de su ropa tiene que ver con el deporte de los gigantes. En una disciplina deportiva de súper altos, él es el más alto. Alguien con su estatura en Estados Unidos sería una estrella en el mundo del básquet, con mucho dinero para mantener como príncipes a su familia ¡de muy modestos recursos en Venezuela!

“Lo que más quiero es poder seguir jugando básquet aquí en el Perú”, dice. Aún no ha tenido contacto con ningún club peruano, porque aún se siente un recién bajadito en la capital peruana. No tiene mayores contactos y su única preocupación es conseguir trabajos eventuales para poder pagar la pequeña habitación que alquila en San Juan de Lurigancho.

Como todos sabemos, la espantosa crisis económica y política de Venezuela está obligando a muchos venezolanos de todas las edades, a migrar a otros países en busca de una mejor vida. Lo que se vive en Venezuela es solo SOBREVIVIR, es un gran calvario todos los días, que sufren todos sin excepción. El socialismo de Nicolás El Tirano y su cancerbero Diosdado Cabello es que todos seamos cada día más infelices y más esqueléticos por el hambre, menos ellos con la cúpula política del PSUV y la élite del alto mando militar.

Es el caso de Francisco Alfonso, por los muy difíciles momentos que atraviesa la patria de Bolívar y de Francisco de Miranda, tuvo que dejar a su madre y hermanos, y también a su bella novia. Hace varios meses llegó a Lima en un bus. Recuerda que ni bien llegó al terminal de Lima Norte, se dio cuenta de que no tenía dónde dormir. Solo 60 soles alumbraban su bolsillo.

Consiguió un hospedaje por allí mismo. Pudo dormir al fin después de varios días de viaje, aunque la mitad de las piernas le quedaran fuera de la cama. Su primer trabajo fue de descargador de camiones en La Victoria. Al poco tiempo pudo alternar con un trabajo de hombre de seguridad en una discoteca de Los Olivos, en la que ya ha sacado a la calle a dos faltosos, que en sus manos parecían conejos agarrados de las orejas.

Cuando recuerda a su familia lo invade la tristeza, pero se aguanta las ganas de llorar. Sabe que venirse, fue lo mejor que pude hacer, que quedarse en un país donde muchos venezolanos buscan que comer en los containers de basura y en la calle nos matan por un celular o por lo que parezca que tiene ¡algo de valor!… Hasta las inmundas aguas del Río Guaire de la ciudad de Caracas, es común ver a muchos adolescentes POBRISIMOS buscando algo que pueda parecer ¡valioso!

Francisco Alfonso, se distrae visitando algunos lugares de Lima. Los centros comerciales llenos de mercancías y alimentos le parecen un sueño. Y se detiene a veces en las tiendas de ropa deportiva. Y observa la ropa de básquet que con su muy precaria economía le resulta imposible de comprar.

“También soy boxeador” y agrega que estuvo entrenando bastante, pero nunca pudo tener una pelea en serio, porque no había ningún rival de su talla. Esperemos que la solidaridad de los peruanos pudiese ser un factor importante para que Francisco, el gigante venezolano, cumpla sus sueños en el Perú, que su patria le negó.

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