Venezolanos en Chile: “No sabemos cómo movernos porque destrozaron estaciones del Metro de Santiago”

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

Más de una hora caminaron los migrantes venezolanos en Chile, desde sus trabajos hasta sus casas, porque el Metro paralizó sus labores el viernes 18 de octubre a raíz de las violentas protestas por el incremento del pasaje.

Al menos 19 estaciones del Metro de Santiago fueron destruidas. También incendiaron 10 autobuses, durante «un viernes de furia» en la capital chilena. El incremento de apenas 30 pesos en la tarifas del metro fue para muchos, en el país austral, «la gota que rebasó el vaso». El terror se apoderó de mucha gente, pues además de los destrozos hubo gases lacrimógenos lanzados por los Carabineros para dispersar a los protestantes.

El precio del pasaje en el Metro subió de 800 a 830 pesos. Al inicio de la semana los estudiantes chilenos organizaron protestas a través de «evasiones», vale decir, entrar en masa sin pagar nada en los trenes.

El jueves 17 de octubre comenzaron las protestas, donde llamaban a evadir el pago, entraban en manadas en las estaciones de los trenes e ingresaban 150, 200 estudiantes sin pagar, con unas consignas que decían ‘evadiendo sin pagar también es una forma de luchar’, detalló el expresidente de la Federación de Centros Universitarios (FCU) de la Universidad del Zulia (LUZ), Eduardo Fernández, hoy exiliado en Chile.

El migrante venezolano afirmó que a esas protestas, que en el inicio fueron pacíficas, se incorporaron trabajadores, ciudadanos normales, quienes no pueden cancelar el pasaje aumentado, porque les representa alrededor del 20 por ciento de su sueldo mínimo, de 300.000 pesos.

El pasaje ya casi ronda los 1.000 pesos y ese monto de verdad que pesa. Son 1.000 pesos de ida y de vuelta serían 2.000, si son solo dos pagos. Se multiplica eso por 30 días, son 60.000 pesos mensuales de un salario de 310.000, que es fuerte y pega porque también hubo un aumento del 10 por ciento de la tarifa de la energía eléctrica, precisó desde Santiago el periodista zuliano Raúl Semprún.

Según Semprún, esos incrementos en las tarifas de los servicios han venido afectando la vida cotidiana de quien reside en Chile.

No ha habido aumento de salarios y aumentan las cosas, los precios han venido subiendo progresivamente, de los alimentos o cualquier producto, algo que no es muy recurrente acá porque todo tiene una espiral, añadió el periodista venezolano.

Una tarde-noche de furia: Alexander Puentes es un periodista venezolano que tiene dos años residiendo en Chile. Narró su experiencia durante las protestas en la capital austral.

A comienzos de semana se iniciaron las protestas, que de pacíficas se tornaron violentas, pues comenzaron a destrozar varias entradas del Metro, tumbaron rejas, las máquinas donde uno pasaba la tarjeta BIP, las destrozaron. Empezaron a tumbar televisores… Todo un caos, dijo.
Recordó lo vivido el viernes aproximadamente a las 4:00 p. m. en su hora de labores como funcionario en una universidad chilena.

Como a las 4:00 de la tarde el ambiente comenzó a ponerse tenso. La gente decía: ‘Tenemos que irnos’, ‘¿cómo nos vamos a ir?’. ‘Ya cerraron la línea’, esto último en referencia a las líneas del Metro, que son seis, pero que en ese momento cerraron tres o cuatro.

“Cuando yo salgo de mi trabajo, todas las paradas estaban repletas de personas. Tuve que caminar más o menos casi una hora, del trabajo a mi casa caminé casi la mitad, yo trabajo en el centro de Santiago. Y eso era enfrentamientos», relató Puentes.

Cuando llegué a la casa, eso eran bombas lacrimógenas en todas partes porque las protestas se salieron de control y por eso el gobierno de Piñera decretó el estado de emergencia, agregó.

Raúl Semprún también comentó lo que vivió esa «tarde de furia» en las calles de una Santiago convulsionada. A las 2:00 de la tarde, yo me encontraba con mi hija de nueve meses en el coche, en la estación Unión Latinoamericana, acompañando a mi esposa que iba al trabajo a buscar un encargo de ropa para la venta. Fuimos a la zona aledaña a la estación, hicimos la compra y cuando nos disponíamos a ingresar al Metro cerraron las puertas y nos dijeron que estaba inhabilitado.

Aseguró Semprún que fue cuesta arriba abordar algún bus, por cuanto las paradas estaban repletas y también las unidades, además de lo complicado que resultaba abordar ese transporte con la pequeña en el coche.

Yo tenía que ir de Unión Latinoamericana, que está en el centro, hasta la última estación de la línea 5, en el sureste de Santiago. Finalmente abrieron la estación Unión Latinoamericana, abordamos, pero apenas pudo moverse hacia una sola estación, pues se detuvo.

“Cuando llegamos a la estación Los Héroes hubo una advertencia a través del altavoz, que no podían continuar porque había protestas en Los Héroes”.

A la gente la bajaron y sacaron de la estación, pero yo me negué a ir junto con unas 10 personas, algunas tenían niños, había una joven nerviosa, una señora de edad, y decidimos quedarnos adentro, porque afuera estaba la protesta con lacrimógenas y en la estación subterránea estaban los carabineros quienes permitieron que nos quedáramos, continuó.

“También estaba un comerciante que había tenido una operación de corazón abierto junto con su hijo de 10 años. Entre él y yo distribuimos a las personas. Logramos montar a una señora y una joven en un micro que iba al norte, y nos quedamos el señor, el hijo y yo con mi hija”, contó Raúl Semprún.

El comerciante conocía a un taxista de un Uber, tenía su teléfono, lo llamó para movilizarnos a nosotros, pero demoró mucho. Había mucha tensión porque se decía que los estudiantes iban a llegar con su protesta a la estación. Finalmente salimos de allí. A mi casa llegué como a eso de las 7:30 p. m., porque en la calle había aquí lo que llaman ‘tacos’, que son colas, y eso era muy alarmante en lo personal. Yo estaba muy preocupado por la vida de mi hija, exteriorizó el periodista.

Larga caminata: Frank Guanipa, abogado y dirigente político venezolano residenciado en Chile, dijo que las personas comenzaron a caminar por las calles de Santiago, en una situación que consideró un caos.

En la noche, la jornada de protesta se tornó violenta y vandálica, al causar daños al transporte público, estaciones de Metro, la torre Entel, lo que generó una reacción de igual modo inadecuada por parte del Cuerpo de Carabineros de Chile, donde se registraron situaciones de abuso de poder y maltrato a los protestantes. Uno de los más relevantes, el disparo a una joven en su pierna y múltiples heridos, adicionó.

Alexander Puentes manifestó su inquietud en cuanto a cómo se van a movilizar por Santiago, ahora que hubo el destrozo de estaciones del Metro y la quema de 10 buses. Estoy viviendo aquí lo que vivía en Venezuela. Porque las cosas que funcionan las destruyen. Esas protestas para mí no son espontáneas, son organizadas. Fíjate lo que pasó en Perú, en Ecuador, lo que está pasando en Argentina, concluyó.

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