Venezuela, la niña abusada

Editorial / Venezuela RED Informativa

El último editorial de Fernando Del Rincón no tiene desperdicio. Se trata de un ejercicio muy sencillo. Compara la situación/país que nos toca vivir, con la reiterada tragedia de la NIÑA del vecino que es perenemente abusada por un adulto despiadado que todo el mundo conoce, sabe quién es y el cual está perfectamente identificado. Un salvaje que tiene robado el tipo humano, que sale como si nada de su casa y hasta presume de decente a plena luz del día.

Esa NIÑA toda la vecindad también conoce y distingue. Esa que desde chiquita han visto jugar en la calle con los otros niños, porque alguna vez ella llevó una vida normal. Pero ahora todo el mundo oye sus gritos e imagina cómo es golpeada y vejada con toda brutalidad por un individuo adulto enfermo, pedófilo y degenerado.

Y una comunidad, un vecindario que convive con esta situación, que discute entre ella el cuadro de la NIÑA, el horror que le toca vivir día a día a manos de ese malnacido, no hace más que protestar entre vecinos la tragedia que está ocurriendo en sus propias narices. Casi que como si fuera un chisme de barrio. Un suceso que se repite de muy mal gusto, pero con el cual NO se puede lidiar.

Y seguramente se conmueven por el asunto. Pues habría que ser tan miserable como el desgraciado que muele a palos a la pobre NIÑA a cada rato como para no sufrir en carne de nuestros propios hijos, lo que la NIÑA vive en manos de la porquería del siglo XXI.

¡Pero de ahí no pasa el asunto!

Porque ningún vecino hace nada al respecto. No pasan de alguna llamada tímida al timbre de la casa del malhechor, y chocan con la estúpida respuesta aquella de “lo que yo hago en mi casa es asunto mío”.

Y así pasa el tiempo y nadie del vecindario hace más que quitarle el habla y el saludo al desgraciado que está acabando con la NIÑA… ¡pero nada más!

A ninguno se le ocurre llamar a la policía. O acabar en poblada al malvado que está matando a la NIÑA. A nadie se le prende el bombillo para enfrentar al abusador.

¡Lo mismo que le ocurre a VENEZUELA: ¡LA NIÑA ABUSADA!

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