Venezuela, política & petróleo

Editorial / Venezuela RED Informativa

El presidente Betancourt sabía perfectamente que, la política de nuestro país, se tenía que hacer desde la parte más alta de una cabria de perforación.

Rómulo era un sociólogo natural con un gran olfato de sabueso para la política, y, aunque solo había aprobado el bachillerato, resultó ser todo un erudito. No hay comparación posible entre aquellos hombres que hicieron a nuestro país con “estos” mequetrefes de ahora. ¡Esta gente no son más que pulgas: lo que dan es vergüenza!

Chávez y su banda de muertos de hambre, solo llegaron a leerse las contraportadas de cuatro o cinco libros nada más en toda su vida. Jamás escribieron nada. No dejaron ningún otro legado que no fuera lo que se robaron, el país que destruyeron y muchas peroratas que obligaron a una población estúpida y de estúpidos a que le oyera, así como otras tantas citas cretinas de sus héroes farsantes del folclore de la izquierda.

Hoy, en cambio, mientras la peste camina hacia su control, la razón de ser que la Venezuela moderna tenga un espacio en el planeta hace vigente, vivo y presente, el pensamiento del presidente Rómulo Betancourt.

Las grandes economías del mundo se encuentran muy cerca de agotar los enormes inventarios de crudos que llegaron a acumular durante el año 2020, y de los que apenas dieron uso.

Las consultoras energéticas no dejan de asociar a la recuperación de la economía global, con el incremento en el consumo de energía fósil. Y todo indica que, solo China, maneja un monumental inventario de petróleo, adquirido el año pasado y a precios de ocasión, que tiene bien guardadito.

Europa, y en especial Alemania, mira con ojos hambrientos a Rusia. Mientras que la fe va en caída libre sobre los posibles tamaños de los yacimientos de petróleo que aún puedan quedar, así como sobre sus tasas de bombeo, en la península árabe. El crudo en Oriente Medio está llegando a su fin, y ahora allá, se piensa en términos de gas.

Por su parte, los norteamericanos, como renunciaron a las prácticas del fraking, tienen igualmente contados sus días de autoabastecimiento de combustible. Muy pronto tendrán, otra vez, que salir a comprar fuera.

Y, curiosamente, en ninguna de las ecuaciones que se llevan a cabo sobre el movimiento del crudo post peste china, aparece Venezuela. Venezuela, el país de lo imposible, en donde todo es posible, que permanece bajo encierro, en medio de lo que parece ser el inicio de una Nueva Era en la que sucederán grandes cosas.

A Venezuela “nadie” la destapa. No sabemos porque, pero la imagen que se empieza a formar en la mente de muchos, es la de aquel cocinero que se asoma a las puertas de servicio del restaurant cantonés de Las Mercedes, esperando que las “cosas” cambien a su favor.

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