Viuda del capitán Acosta Arévalo: “El chavismo mató a mi esposo para amedrentar a los militares”

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

En entrevista realizada por Ana Alonso, para el diario colombiano El Independiente, expresa Walleswka Pérez, viuda del capitán de corbeta, Rafael Acosta Arévalo, que su vida dio un giro de 180 grados el pasado 21 de junio. Ese día habló con su esposo sobre su llegada a Venezuela y los trámites que tenía previsto realizar allí, pero jamás se imaginó que esa sería su última conversación. El próximo 29 de agosto se cumplen dos meses de la trágica muerte de Acosta Arévalo, que a ojos de su familia y de los activistas de Derechos Humanos fue un vil asesinato del régimen chavista. “Querían amedrentar a los militares”, señala la viuda, en un paradero que no quiso develar.

Reseñan que Waleswka Pérez, de 42 años, tenía miedo y tomó muchas precauciones antes de aceptar una entrevista con el mencionado diario. Destaca: “Hay unas sospechosas interferencias cuando intentamos establecer la conexión. No escucho su voz, pero ella sí puede oírme. A la tercera lo logramos”.

Teme que identifiquen dónde está, que tomen represalias y, sobre todo, tiene miedo por sus hijos, de 12 y cuatro años. El mayor está “al tanto de lo que ha pasado y se pone a temblar cuando ve uniformados, tiene pesadillas”. El menor aún cree que su padre volverá algún día. El primogénito se ha ido a jugar al fútbol. Waleswka se llama así en recuerdo de la bellísima joven polaca que fue el gran amor de Napoleón.

“Estamos muy afectados por lo que pasó. Pero toca estar de pie. Por ellos. Voy a seguir adelante por mis hijos”. Habla serena. Solo encuentra consuelo en la convicción de que no va a parar hasta que quienes ejecutaron a su marido paguen por su crimen. “Desde Maduro al último funcionario que lo consintió”. Lo mataron, porque querían “sembrar el miedo, especialmente, entre los militares”.

Los Acosta Pérez habían dejado “hace poco tiempo” Venezuela “porque la situación estaba muy fea”, pero les quedaban algunos papeleos pendientes. El capitán regresó a ultimar la tarea. Waleswka tenía miedo, pero no se imaginaba cómo serían los últimos días de su esposo.

“No apoyaba a ningún partido político, pero no le gustaba lo que está haciendo el régimen. No estaba de acuerdo. Comentaba lo que estaba sucediendo en su círculo. Le traicionaron”, comentaba Waleswka. “Siempre fue un número uno, un militar intachable”.

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